miércoles, 7 de julio de 2010

Como iba diciendo

Algunas cursis hay por el mundo que hablan de la magia de la  maternidad, del placer del parto, del orgullo de ver crecer a los hijos y convertirse en hombres y mujeres felices y productivos. Pues será que yo vivo en un universo distinto; o será que me he criado con una madre disfuncional, desapegada y cruel que se ha pasado la vida haciéndome sentir inferior e inadecuada.

Yo libro una batalla interior sólo comparable a la que libraba Darth Vader al tener que elegir entre su hijo Luke (qué apropiado el nombre) y el Señor del Lado Oscuro (también cualquiera de mis progenitores encaja en el perfil). No sé si es que mi vida se inspira siempre en La Guerra de las Galaxias o es que La Guerra de las Galaxias es sencillamente la metáfora perfecta de la vida de cualquier peatón y por eso tiene tanto éxito.
Si bien la prolactina y otras hormonas de la supervivencia me inclinan a proteger y alimentar a mis cachorros (aka Pati) la brutal realidad es que el cachorro es un ser maligno y egoista, falsidioso y fastidioso que ha vendio al mundo a reemplazar y fastidiar? a aquellos que le dieron la vida.
Nos quedamos la última vez que nos vimos en la cena antes de la carrera... habíamos estirado perfectamente, cada grupo muscular, cada articulación, perfectamente en su sitio. Sin más esfuerzo que el mero recordatorio de la existencia del músculo que sería útil la mañana siguiente; de momento descanso y saber que sería mañana el día de recordar lo estudiado anteriormente.
Tarde es mal momento para mí para llegar a los sitios. Tengo la manía poco habitual en mi país de nacimiento de llegar pronto, de llegar a tiempo, de cumplir el horario. Así que si empiezo por llegar con el tiempo demasiado justo, empiezo rematadamente mal, pero he aprendido que nada es motivo suficiente para tirar la toalla. Los signos no existen, los éxitos llegan como consecuencia de alinear la preparación con la oportunidad. Para terminar una carrera sólo hay que seguir poniendo un pie por delante del anterior hasta la meta, todo lo demás es accesorio. Menos Pati.
Kilómetro 1, un montón de gente, Pati no ha corrido nunca y parece no entender que hay que esquivar obstáculos andantes, en pandilla, con carritos de bebé, con bici; así que se desconcierta, se enfurruña, se frustra, se para. Pati no ha corrido nunca pero vive todos los días el patio de un colegio enorme y juega al fútbol en un campo que comparten unos 1.500 niños y es bien capaz de terminar un partido y reconocer a sus compañeros de juego de otros tres o cuatro equipos que comparten el mismo campo. Le digo - yo sigo corriendo, bueno sigo dando saltitos para no perder el ritmo - que siga, que no me pierda de vista, que yo no le pierdo de vista, que esquive a las gordas, que esquive a las lentas, que solo mire al frente, que busque el hueco. Pati no quiere correr, se cansa, se empeña en ver el obstáculo, no en ver el hueco. Sigo dando saltitos y le digo a Pati que hemos venido a correr, vamos a correr, le dije que no tenía que correr pero ha elegido correr, va a correr, no hay opción ahora, hay que correr aunque sea despacio.
Kilómetro 4. Esto está hecho, no queda nada. Estamos acabando. Pati se me ha quedado atrás. Giro la cabeza y la veo a unos 30 metros, yo sigo un poco más negándome a aceptar lo que estoy viendo. Son ya 50 metros, llorando con la mano en el costado. Está a 70 metros ahora, mi espíritu en los tobillos en el borde de mis calcetines. Un padre con dos niñas se ha parado y le ha puesto el brazo por encima de los hombros. NOOOO, ¡Está fingiendo! ¡Quítale las zarpas de encima a mi hija! ¡No se toca a un extraño! ¡Apártate y deja de llorar! He parado pero sigo saltando, mi cerebro acelera, me paro del todo. Se acabó, esto no funciona. Camino hacia la escena medio furibunda, medio indignada. Mi hija es un pequeño monstruo que ha encontrado la manera de no seguir corriendo, llorar. Tengo a un jodido extraño consolando al pequeño monstruo que está fingiendo para no tener que dar un paso más. Todo es un enorme despropósito. La escena me supera, el padre caritativo me sobra, aparto a mi hija la rodeo yo con mi brazo y me la llevo hacia el frente hablándole con voz baja sapos y culebras al oído y agradeciendo al extraño mientras le despido con una sonrisa tan falsa como todo lo demás. Estoy en público y por supuesto no puedo hacer lo que no puedo hacer.
Consideremos esto una lección doble para el futuro: Pati necesita entrenar, necesita aprender a trabajar a saber esforzarse, a seguir, a aguantar. Yo necesito ir sola a mis carreras porque a la hora de correr, como a la hora de vivir, estoy sola y dependo exclusivamente de mis dos piernas y de mi voluntad. Dice Carmen, y no le falta razón que mi obligación es no dejar de hacer todo lo que esté en mi mano para conseguir criar a mi hija lo mejor posible.
Me permitan el toque erudito y cursi del día - que hemos estudiado un poquito para poder presumir de ello - me acuerdo del  poema de Donald Hall "My son my executioner" que hablaba precisamente de que un hijo no es sino en parte y en todo recordatorio y prueba de que un día vamos a morir y hemos de dejar reemplazo genético en la tierra. Qué poquito se distingue un hombre de una hiena de un calabacín. Y ¿qué propósito tiene el ser humano si no es el de perpetuar la especie? Igual que las hienas, igual que los calabacines; y ser parte de la cadena trófica.
Y hablando de comida,
Me fijado que se han puesto de moda los cupcakes, cahqueis (con la "h" aspirada) los llaman en muchos sitios y hasta hay tiendas especializadas en Madrid. Ya hemos hecho antes muffins, o cupcakes o magdalenas con "g" o sin ella, a mí lo mismo me da, asíque os remito a aquellas rectas: http://lvilamor.blogspot.com/2009/09/magdalenas.html
Esto hicimos poco después del despropósito carreril para quitarnos los malos humos, que a mí me duran hasta hoy y más allá.
Las mías son de pistacho con cobertura de té verde, sólo hay que incluir en la receta original unos 100 grs de pistacho triturado.
Para el glaseado:
200 grs Azúcar glacé
50 grs Mantequilla
1/3 cucharadita té verde (matcha)

Y Pati también hizo. A mí me recuerda a una peonia, mi flor favorita. PRECIOSAS
De chocolate con cobertura de lavanda.
Se sustituye el pistacho por cacao en polvo (unos 50 grs.) y en la cobertura se sustituye el matcha por aroma de lavanda y un toque de colorante morado.
Una película para hoy: Robin Hood - reciente versión de Ridley Scott con libreto de Brian Helgeland
Una canción para hoy: Dance little sister - de Terence Trent D'arby, 1987
Estoy migrando a WordPress pero no tengo todavía todo bajo control asíque consideremos esto un período de transición.

4 comentarios:

Yusuf al Mocadén ben Mizzian el Arrumi al Chivani dijo...

Lavs Deo.

LN dijo...

ya era hora. echábamos de menos nuevas entradas en el blog!
welcome back.
han quedado espectaculares los muffins! te quedan? en el japo del esco hacen tarta de té verde y está riquísimo, muy suave.
El de lavanda también está chulo.

LN dijo...

por cierto, no comenté ayer respecto a lo de la "magia de la maternidad" ... como diría mi-cusin, mamarrachadas. rapidito y si te anestesian desde el momento -1 mejor que mejor

Titina dijo...

PERO QUÉ FOTOOOOOOOOOOOOS!!!

Por fin hemos vuelto, ya era hora.

PERO QUÉ FOTOOOOOOOOOOS!!!

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