Dice Jacobo, ¿cómo es posible que una secta minoritaria, escindida de una religión minoritaria haya perdurado y, es más, se haya expandido y haya crecido con la constancia que lo ha hecho? En el momento arguí, la ayuda que el imperio romano y los barcos ingleses habían prestado a la causa cristiana. Pero no mencioné la primera causa que ha hecho llegar al cristianismo al puesto que ocupa hoy - no sé si el zen está haciendo estragos en el número de creyentes en los albores del siglo XXI, tengo mis dudas. El cristianismo es la mejor idea desde la Coca-cola y el Marlboro.
La Cocacola es un líquido negruzco y dulzón que da picor de nariz. Los cigarrillos son unos cilindros de papel rellenos de hebras vegetales con alquitrán y amoniáco que inhalados dan tos y causan enfisema pulmonar. Pues ahí los tienes, querido. La clave del éxito del cristianismo radica en que es una idea cojonuda.
El cristianismo es la purga de benito, todo lo explica, todo lo cura; sirve a ricos y a pobres, a putas y a santos, mafiosos y ascetas, hombres y mujeres, gordos y flacos. Si pecas, te redimes. Si rezas, te salvas. Los ricos demuestran el favor de Dios y los pobres son los bienaventurados porque los últimos serán los primeros. Dios es el padre protector, el guerrero justiciero, el hermano amante, el espíritu valiente, en defíntiva todo aquello que necesita el individuo para sentirse bien.
Mientras tanto, los predicadores fuman crack y se tiran a sus camellos, los curas abusan de los niños en el confesionario y todos ellos se quedan con el botín del oro, igual que los banqueros (nótese el juego de palabras y apellidos).
La tiranía de dios es tan tóxica como cualquier otra, y aparentemente tan necesaria para la plebe. En palabras de mi catedrático de Teoría del Derecho, "libertad y poder son términos equivalentes"; aquél que te priva de la libertad de pensar te roba el poder de actuar. Para mí cualquier religión es la mera rendición de la razón en favor de la magia y la felicidad, ya lo dice la Biblia.