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jueves, 3 de mayo de 2012

La primavera de nuestro descontento

Por fin huele a invierno por las mañanas y se ve el suelo brillante por la lluvia algunas noches, aunque en realidad, lo que tenemos encima es la primavera. Ha sido un invierno muy raro, con mucho calor y demasiados días primaverales. Quizá por eso la economía va como va, porque el tiempo se ha vuelto loco y ya nadie sabe dónde está ni qué hay que hacer. Yo, desde luego, tengo un despiste de mil demonios, no sólo por el tiempo y por la bolsa, sino por todo en general. A veces tengo la sensación de que me han metido el espíritu y la vida en la turmix y están haciendo mayonesa por dentro.
Brazo de Gitano Selva Negra
Bizcocho
4 huevos, separadas las yemas de las claras
5 cucharadas soperas de azúcar
80 grs de harina
pizca de sal
esencia de vainilla
60 grs de cacao en polvo
Así que para celebrar el desbarajuste, he hecho algo que no deja de ser un jaleo en sí mismo, medio bazo de gitano, medio tarta Selva Negra. No se me ha ocurrido nada mejor. Como tarta de invierno, contundente y con un puntíto de alcohol, medio postre primaveral con guindas y mermelada.
Relleno
150 ml nata
Azúcar y/esencia de vainilla para la nata
Guindas amarenas
Mermelada de cerezas
Licor de guindas o Kirsch

Separamos las claras de las yemas y batimos estas últimas con el azúcar hasta que queden bien espumosas y claritas. Incorporamos, si queremos un poco de esencia de vainilla. Tamizamos la harina con la sal y el cacao e incorporamos con cuidado para no bajar mucho el aire que hemos incorporado en las yemas.
Por separado batimos las claras a punto denieve e incorporamos a la mezca anterior. Lo extendemos en la bandeja del horno sobre papel engrasado y lo metemos a horno precalentado a 180º unos 12 minutos.
Sacamos el bizcocho del horno y casi al momente salpicamos con el licor y lo enrollamos sobre un trapo limpio espolvoreado con azúcar glas para darle la forma y que no se nos rompar al enrollarlo con el relleno.
Batimos la nata y añadimos tanta azúcar y vainilla como queramos. Estendemos las gindas y la mermelada sobre el bizcocho y encima ponemos la nata y enrollamos. 
Qué bonitas son las flores de la primavera. Yo tengo frío sin embargo y no me siento en absoluto primaveral, hasta estoy pensando en devolver un vestidito veraniego que he comprado hace no mucho.
Podemos cubrir el bizcocho de ganache, o de azúcar glacé o de nata. O dejarlo tal cual, que queda más ligerito. Y como España se va a ir al carajo, mejor ir aprendiendo a cocinar a la alemana y estar preparados. Aunque yo estoy pensando en emigrar a Oriente Medio, que parece más estable y más seguro.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Velocidad y aceleración

Dice Carmen que ella era buena estudiante y que además se le daban bien las matemáticas. Yo sin embargo ni era buena estudiante ni se me dieron nunca bien las matemáticas. Yo creo que lo mío ha sido más un problema de adaptación al sistema más que de recursos neuronales. Eso lo veo ahora porque siempre he pensado, y todo el mundo ha pensado que yo era tonta de remate.

Y porqué digo que no era tanto una falta de recursos neuronales? Porque he tenido ocasión de comprobar que yo sé muchas más cosas que mucha más gente, en teoría, mucho más lista que yo.
El otro día le pregunté a Carmen que me dijera qué era una derivada, que me dijera para qué sirve hacer una derivada. No me supo contestar. Hace mucho tiempo que hago este ejercicio. Una vez le hice esta pregunta a un señor que dejó la carrera de ingeniería para hacerse economista, y tampoco me supo contestar. 
Una derivada expresa un incremento y es un concepto que se usa en economía, en física, en mecánica, en finanzas y en tantas otras cosas. Yo aprendí esto cuando a los quince años me explicaron la diferencia entre la velocidad y la aceleración y ya entonces entendí que la aceleración era la derivada (incremento) de la velocidad. No tengo ningún respeto por nuestro sistema educativo. Ni el de ahora, ni el de antes, ni el de nunca.
6 minutos después de desmoldar y se alejaba cada vez más
Para velocidad, la de este pudding en desaparecer.
Pudding de canela
6 medias noches duras
3/4 l leche
1/4 l nata
1 palito de canela
5 huevos contentos de gallinas felices
6 cucharadas soperas de azúcar
1 cucharadita de canela molida
Azúcar para caramelizar el molde
Pongo la leche, la nata, la mitad del azúcar y el palito de canela a templar, lo tapo y lo dejo en infusión un par de horas. Se saca la canela, se aclara, se seca y se guarda para usar más. Desmigamos las medias noches (se puede usar cualquier bollo seco: croissants, brioches, panetone, magdalenas, pan, suizos) y le echamos la leche por encima. Batimos los huevos con el azúcar restante y la canela. En este punto podemos añadir ralladura de limón, o de naranja, un par de cucharadas soperas de cualquier mermelada y mezclamos con la leche y los bollos desechos. Hacemos un caramelo (a mí me gusta muy clarito) y bañamos el molde. Una vez duro el caramelo en el molde, echamos la mezcla de huevos y leche y ponemos al baño María a horno medio una media hora. Yo lo he dejado algo más porque a Pati le gusta cuajadito. Desmoldar una vez frío y ver cuánto dura...

domingo, 19 de junio de 2011

Al principio...

Al principio sólo había bizcocho casero, hecho con huevos de gallina. No que las gallinas tengan huevos, que los huevos los tiene Teresa. Pero las gallinas los ponen. Y no que Teresa tenga huevos, lo que tiene Teresa son las gallinas que ponen los huevos. Y las gallinas de Teresa corretean por el jandín y pican lo que puden y además comerán su avena y sus cereales, pero sobre todo serán gallinas bastantes felices (no como otras) y algún beneficio tiene, creo, comer animalitos que lo han pasado bien. No que me divierta andar por ahí comiendome a la gente, aunque sean de cuatro patas o con plumas, pero ya que todos vamos a acabar en el mismo sitio, por lo menos pasarlo bien en el mientras tanto. El que pueda al menos.
Y luego hubo mermelada de ciruelas, porque Teresa no sólo tiene gallinas felices que ponen huevos contentos, también tiene ciruelos que producen ingentes cantidades de ciruelas. Teresa tiene también un coche en el que puede ir a la tienda a comprar ingentes cantidades de azúcar y así hacer ingentes cantidades de mermelada, que luego reparte a diestro y siniestro. 
Aunque si algún beneficio tiene comer huevos felices, hijos de gallinas contentas, se deshace probablemente por el hecho, nada aconsejable de comer azúcar, y cuanto mayor la cantidad de azúcar peor para el cuerpo. Alguien se ha fijado en las fenomenales dentaduras de los niños moribundos de África? Los pobres no tienen qué llevarse a la boca, no saben lo que es un filete o una ensalada o un plato de brécol. comen un plato de mijo a la semana. Y tampoco ninguno de ellos sabe lo que es una caries y tienen los dientes más grandes y más blanco del hemisferio Norte. Irónico ¿no?

De todos los ingredientes, yo sólo he preparado aquí la crema pastelera y la nata. Lo demás ha sido un simple trabajo de ensamblaje. Tengo todavía una cantidad considerable de mermelada de ciruelas así que sigo pensando qué más puedo hacer con ella.
Blanco sobre blanco sobre blanco
Una capa de bizcocho, una capa de crema pastelera y la mermelada. Se puede coronar con crema o con helado o con merengue o directamente ponerse a trabajar con la cuchara. La recepción ha sido buena; felicidades Teresa.
Producto terminado
Más bien en proceso de ser terminado.

domingo, 17 de abril de 2011

Nostalgia I

A mi vueta a España de un largo periplo que me ha llevado por varios países en busca de un nuevo pasaporte, me encuentro de nuevo en el mismo sitio, con los pies dolidos, sin pasaporte y con la sensación de no haber avanzado gran cosa... Me he tenido que quitar mis bonitos tacones naranjas para aliviar mis talones del largo camino y los 13 centímetros.
Y mientras tanto, la azalea ha vuelto a florecer un año más.
Si no me equivoco, debe ser la más veterana de la casa.
Una vez alguien me dijo que le hiciera una receta y que al post le llamara nostalgia. Yo había propuesto hacer un curri y llamarlo Tailandia. Algunas cosas tardan en llegar y en el camino se convierten en otras distintas.
Se trata de conseguir una cuchara bien larga y hundirla hasta el fondo. El helado debe estar bien frio y el chocolate humeando. La nata sólo a medio montar. Solo en apariencia reconforta; en realidad es una trampa mortal de calorías inútiles, pero deliciosas.
En los últimos meses he ganado unos seis kilos, he perdido unos diez años y me han atado a la pata de la mesa en la oficina y a la pata de la cama en casa. 
Y con el comer, el amar y el trabajar, otras tareas de mi vida, como son el estudio, el deporte y la cocina se han quedado para los domingos por la noche, justo cuando duermo.
Me he acordado hace poco de California 47 (de ahí la nostalgia) donde pasé muchas comidas y muchas cenas en familia. Hay algunos platos que no olvido y nunca voy a encontrar igual de bien hechos que en Cali. El número 10 (los platos combinados en California se conocían por el número): filete empanado, huevo frito y pisto; el arroz con leche, insuperado hasta el día de hoy; el juanillete, helado de vainilla, chocolate caliente y nata. La mezcla parece la clásica, pero no lo era, porque la salsa a diferencia del sirope o el ganache que se usa normalmente, era casi como un chocolate a la taza, oscuro, líquido y humeante. ¿Cómo hacían para que el chocolate se mantuviera caliente hasta llegar a la mesa y no se endureciera? Mi teoría es precisamente que lo hacían más como un chocolate a la taza en lugar de como salsa.
Recuerdo los postres de California con especial ternura. Seguramente por la inocencia de mis años, el cariño de mi abuela y lo delicioso de la comida. En inglés existe un concepto que no manejamos en castellano pero que también aquí es aplicable: "comfort food". He aquí. Juanillete
Salsa de chocolate:
Chocalate de ganache con al menos el 65% de cacao
1 nuez de mantequilla
1 cucharada sopera de azúcar
1 vaso de leche +1/2 de nata
cucharadita de esencia de vainilla
pizca de sal
podemos o bien poner a cocer la leche y luego echar sobre el chocolate picado con el azúcar y batir, o deshacer el chocolate en trozos junto con el azúcar y la vainilla en la leche y la nata a fuergo suave mientras movemos la mezcla. La mantequilla no es necesaria pero le da un poco de brillo y densidad al resultado final.
Helado de vainilla:
1 litro de leche con toda su nata e incluso podemos añadir un chorro extra de nata
6 yemas
6 cucharadas soperas de azúcar
1 vaina de vainilla abierta por la mitar y vaciada de las semillas
Raspamos bien la vaina de vainilla y echamos las semillas en la leche junto con la vaina abierta. Ponemos a cocer muy suave la leche con la vainilla y la mitad del azúcar. Apagamos el fuego y tapamos el cazo y dejamos que la leche tome el aroma de la vainilla media hora al menos. Batimos las yemas con el resto del azúcar y vertemos la leche y devolvemos la mezcla al fuego para hacer una natilla. En cuanto empiece a espesar, apartamos y seguimos batiendo para templar la mezcla. Cubrimos con un film de cocina y dejamos enfriar, primero al aire y luego en la nevera. Una vez fría la mezcla, pasamos a la heladera en el congelador hasta que coja consistencia de helado y podemos pasar a un recipiente y dejar en el congelador listo para cuando haga falta.
continuará...

viernes, 27 de agosto de 2010

Verano

Mousse de piña con gelatina casera de frambuesas
1 lata de piña en su jugo
200 ml. nata montada
200 grs. azúcar
200 grs. frambuesaas congeladas
2 cucharadas de gelatina en polvo

Últimos días, últimas fotos y de cabeza al otoño.

Un poco de pereza pero con ganas de abrigo y botas.
Para tener un verano como Dios manda es obligado ir al vivero. Yo este año casi ni aparecer.
Un poco de verde ayuda mucho, siempre


Se puede hacer en molde grande o en vasitos como aquí


Colorín colorado, el verano se ha terminado

Y se puede sustituir la nata por clara de huevo a punto de nieve


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